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XXX domingo de tiempo Ordinario
29 de Octubre de 2006
MC 10: 46-52
El Evangelio no enseña entre muchas cosas que Jesús
nos ama, hoy y siempre. La Palabra de Dios se nos dio para aplicarla
en los momentos contemporáneos y en nuestra persona misma.
Nosotros somos como el mendigo, Bartimeo, quienes siempre nos
encontramos al margen de la vida.
Tal como Bartimeo, debemos entender que las oportunidades no
se presentan siempre. El aprovecha el que Jesús se acerca
a el y le pide la salvación, le pide lo cure, le pide que
abra los ojos del cuerpo y del alma. Muchas veces solo tenemos
una oportunidad para aprovechar alguna bendición de Dios.
Sin embargo Dios, sigue acercándose y sigue en nosotros
aun cuando no entendemos o no queremos entender y nos entercamos.
Buscamos algo grande en Dios, pero al mismo tiempo no nos convencemos
y vacilamos al acercarnos y entregarnos a Él. Nos olvidamos
que Jesús entiende todos nuestros sufrimientos y debilidades.
Cuando Jesús le pregunta ¿Qué quieres que
haga por ti? El Mendigo se desconcierta, porque es Dios mismo
que le pregunta al mendigo en que puede servirle, cuando somos
nosotros los que debemos servir a Dios. Jesús vino al mundo
no ha ser servido, si no a servirnos a nosotros. Desde el momento
de su concepción en el vientre de Maria hasta la muerte,
la resurrección y el día de hoy, nos sigue sirviendo
incondicionalmente. Somos tan ciegos y débiles que no nos
damos cuenta de todo lo que nos da y nos sirve en cada momento
de nuestra existencia.
El mendigo después de recobrar la vista sigue a Jesús.
Deja todo lo que tiene y sigue a Jesús. ¿Cuándo
hacemos lo mismo? Parece que cada vez que oímos el dejar
todo para seguir a Jesús, pensamos que se nos pide dejar
todas nuestras pertenencias, ser como el mendigo y esperar que
Dios nos ilumine y nos de lo necesario. Algo así como ser
como San Francisco de Asís. Acomodamos las palabras a nuestro
parecer. Leemos las letras y palabras que el Señor nos
da y no dejamos que el Espíritu Santo nos ayude a interpretarlas
o sentirlas, sino que nosotros mismos nos cegamos y no las entendemos.
Dejar todo por Dios, no quiere decir que tengamos que dejar todas
nuestras posesiones para seguirlo, pero si, si amigos y hermanos,
si tenemos que dejar el pecado para seguirlo. ¿Qué
es el pecado? El pecado es una rebelión a Dios que nace
del mismo miedo que tenemos constantemente. Es curioso escuchar
como todos nos negamos a decir que tenemos miedo. Sin embargo
todos vivimos con un miedo constante. Tenemos miedo a perdernos
o dejar de ser nosotros mismos, por eso nos protegemos con los
bienes materiales, tenemos miedo a dejar de ser nosotros mismos,
por eso nos damos alarde de ser superiores y estamos constantemente
ciegos, queriendo pensar que somos superiores a nuestro prójimo,
tenemos miedo a dejar de ser de nosotros mismos, por eso oprimimos
a nuestro prójimo a toda costa, aun cuando le hagamos daño.
El miedo está en cada uno de nosotros, pero no lo vemos
porque estamos ciegos.
La fe nos lleva a ver con claridad. El librarnos del pecado nos
lleva a ver con claridad. Obviamente no somos santos, ni perfectos.
Somos pecadores. Pero en una constante renovación de nuestra
relación con Dios, en un constante pedir perdón
a Dios por nuestras debilidades y pecados, en un constante amar
a los demás, empezamos a ver con claridad.
Debemos creer en Dios aun cuando no lo veamos. Dichosos los que
vieron a Jesús. Pero nosotros no lo podemos ver físicamente
pero si lo podemos ver espiritualmente en nuestro corazón.
Es mas, lo vemos constantemente cuando estamos en gracia sin pecado,
mas que si fueran con nuestros propios ojos, porque el esta constantemente
en nuestra presencia. El esta en todo lugar y se manifiesta en
todo lugar. Entonces de esta manera siempre Dios esta disponible
ha que lo veamos. Si aquel ciego, Bartimeo, deseo la luz física,
con más razón nosotros debemos desear la luz del
corazón.
Pidamos a Dios que ilumine los ojos de nuestro corazón.
Jueves 2 de Noviembre, Conmemoración a los Fieles
Difuntos.
Hermanos, este próximo Jueves celebramos la conmemoración
a los Fieles Difuntos. Debemos asistir a misa y rezar por todos
los difuntos. Al mismo tiempo hay que pedirles a los difuntos
el que oren por nosotros. Entendamos que ellos ven más
claramente a Dios, porque están más cerca de Dios
que nosotros y porque ellos están en un mundo donde no
existe el pecado.
Universalmente es un día en el que debemos meditar por
ellos. Todos sabemos que la presencia de ellos en nuestras vidas
es mas clara de lo que nos imaginamos. Sabemos que sufrimos cuando
los perdimos de este mundo físico, pero sabemos bien que
no están lejos y que muy por dentro de nuestra alma, corazón
e intelecto están muy cerca de nosotros. Ellos influencian
en nuestras vidas. Por ejemplo mi madre quien murió hace
18 años, mi hermana quien murió hace 4 años,
mi padre quien murió hace poco mas de un año, un
compañero y amigo mío de trabajo quien murió
hace 4 semanas, están dentro de mí en miles de formas.
Físicamente, sicológicamente, emocionalmente, espiritualmente,
y de muchas otras formas. Están ellos constantemente influenciando
mi vida.
Es como si estuvieran todavía vivos y puedo sentir la
presencia de ellos a través de la memoria. Lo mismo sucede
con San Francisco de Asís, quien influencia mucho en mi
vida, lo mismo y en una forma muy especial, la Virgen Maria. No
es simplemente el acordarnos de ellos y como nos influencian el
recordarlos en el pasado, sino que creemos que los difuntos están
presentes con nosotros en una forma muy presente. Aun cuando no
los podemos ver ni sentir físicamente y sabemos que están
en otra dimensión con Dios, ellos siguen cerca, muy cerca
de nosotros. Quizás mucho mas cerca que antes porque ellos
saben lo que pensamos y sentimos.
Mi familia no son solamente una personas que conocí y
que las recuerdo. Ellos están constantemente conmigo. No
estoy hablando de espíritus, fantasmas o cosas supernaturales.
No hermanos, la Iglesia Católica es conciente que los que
no están con nosotros en este mundo, están con Dios
y que ellos están cerca de nosotros , pidiendo por nosotros.
Debemos rezar por ellos y debemos pedirles a ellos que recen por
nosotros. Al mismo tiempo debemos pedirles a ellos que nos ayuden.
Que nos ayuden como en el Evangelio de este domingo a abrir los
ojos del corazón. Ustedes que han perdido un ser querido
saben y creen exactamente lo que estoy hablando. Esta es otra
forma en la que Dios se manifiesta, nos conforta, se deja ver
con estas experiencias, con la manifestación de Dios en
nosotros. Que Dios los bendiga.
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